La Mina: Proceso de realojos :: Objetivo Venus

Todo empieza y nada acaba en Venus.

El derribo del bloque lineal de la calle Venus, la actuación con mayor carga simbòlica del Plan de Transformación del barrio de La Mina, todavía no se ha producido. Y no existen indicios claros de que se pueda producir en un futuro próximo.

El derribo de Venus ha pasado de ser un símbolo de la transformación del barrio a un síntoma de un proceso que en sus estertores finales no tiene un pronóstico claro. 

(Arxiu ddlm – març 2011 – Detall edifici Saturno, vist des de l'edifici Venus – Foto Sergi Valls)

 

A media prórroga del plazo de los diez años previstos para finalizar el Plan de Transformación, las viviendas del bloque de Venus siguen en su mayoría habitadas por sus inquilinos y los nuevos pisos de destino de las personas afectadas por el realojo siguen, mayoritariamente, vacíos, cerrados y bajo vigilancia; el proceso de realojo se encuentra en punto muerto, enquistado,  y sólo unas pocas familias (no llega al 15% de las afectadas) se han podido trasladar a las nuevas viviendas, acogiéndose a la última propuesta de la administración por la que la compra del nuevo piso se financia vía la obtención privada de crédito bancario. Vía llena de obstáculos para la mayoría de los afectados.

 

(Arxiu ddlm – octubre 2013 – Tancament pisos nous, carrer Neus Català)

 

Todo empieza en Venus
 

En los estudios de diagnóstico previos [1] a la redacción del Plan Especial de Reordenación y mejora del barrio (PERM – Septiembre 2002) no se identifican problemas estructurales en las edificaciones del barrio. Es más, los bloques lineales de La Mina Nova, que se construyeron de forma exprés con la técnica de encofrados deslizantes, son valorados en el informe de diagnóstico constructivo como “estructuralmente perfectos” y por tanto,  hábiles para cualquier tipo de actuación sobre ellos,  incluyendo la rehabilitación.

Es pues la propuesta urbanística, la que apuesta por incidir en la des-densificación del barrio, proponiendo una urbanización en torno al eje central de la nueva Rambla (que todavía no ha conseguido ser el nuevo eje de centralidad y de conectividad que pretendía el Plan)  cruzándola por nuevos viales que den continuidad al trazado urbano, cortando transversalmente los enormes commie blocks de las calles Marte, Levante y Estrellas. Y es en esta propuesta donde se plantea afectar los edificios de Venus y Saturno

Por su proximidad al eje de la Rambla, sobre el que pivota toda la reforma urbanística, la intervención sobre los bloques de las calles Saturno y Venus propone una rehabilitación del edificio Saturno para convertirlo, a escala ciudad, en una futura zona residencial de viviendas asistidas para ancianos y viviendas para estudiantes del futuro campus Beśos (actualmente ens sus primeras fases constructivas). Para el edificio Venus, el Plan proyectó su derribo y la construcción en el espacio ganado, de la biblioteca-mediateca, equipamiento estrella del barrio finalmente construido unos metros más allá, adyacente al paseo central, la Rambla.

(La Mina:carrer Venus, número 3 – Arxiu TV3 – Programa 30 Minuts – emissió 07/05/1989)

 

¿Qué elementos llevan a los redactores del Plan de Transformación a decidir el derribo de Venus y no de Saturno o cualquiera de los otros bloques lineales?

No hemos encontrado ningún documento que determine explícitamente los motivos del derribo de Venus,  pero los textos dejan entrever e intuir algunos de ellos; son motivos ya no urbanísticos, pues la biblioteca, equipamiento con vocación de traspasar la escala de barrio, ya está construida  y no sobre el solar ocupado por Venus; tampoco son motivos constructivos, pues el correspondiente informe ya determinó que eran edificios estructuralmente perfectos; así pues los motivos emergen del diagnóstico social y antropológico, no siendo exclusivos de Venus pero quizás sí más dolorosamente presentes en él, y que podrían ser: el problema de la droga (venta y consumo), los comportamientos incívicos, la insalubridad, los subarrendamientos encubiertos,  las dificultades de convivencia y la desafectación de parte de sus habitantes hacia los espacios comunitarios y la consecuente degradación de estos. Elementos que pueden tener su origen en la alta rotación en el vecindario a partir de la ocupación de pisos (noche de la patada en la puerta, ocupación masiva de viviendas en la década de los 90) y,  especialmente,  en las políticas de vivienda efectuadas sobre el entorno urbano por el Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona, que consiguieron configurar La Mina, y en especial Venus y Saturno, como lugar de destino de desalojos provocados por actuaciones urbanísticas en otras zonas del entorno metropolitano.

De todo ello se debía ocupar el Plan de Acción Social, que definió un “punto cero” desde donde  abordar la gestión de la conflictividad en toda su complejidad para facilitar el proceso de construcción de nuevos modelos de convivència del futuro barrio remodelado

(La Mina:punt zero – Arxiu TV3 – Programa 30 Minuts – emissió 20/10/2002)

 

La propuesta de derribo de Venus fue discutida por la Plataforma de Entidades y Vecinos de La Mina en la formulación de sus alegaciones al Plan [2] durante el periodo de exposición pública. La Plataforma planteó la idea de intervenir en todos los edificios lineales de La Mina Nueva para evitar la estigmatización de alguno de ellos como identificaban en la propuesta: el bloque de Saturno, por no intervenir en él y por tanto mantener sus elementos de marginalidad y degradación; el bloque de Venus, por ser él único que es afectado completamente, reforzando la idea, fundada en elementos suficientes por otro lado, de ser uno de los crisoles de la marginalidad y de las prácticas ilícitas que se dan en el barrio.

Más allá de todas estas consideraciones de carácter técnico, Venus representa una realidad del barrio sobre la que se quiere actuar para transformarla. Derribar Venus tiene esa fuerza simbólica de empezar de nuevo, de cortar con el pasado para construir el futuro mejor que representa el Plan de Transformación.

Pero pasa el tiempo y Venus sigue ahí, en pie, como elemento de conexión entre ese pasado que contiene unos elementos de los que se quiere huir y este presente continuo de una transformación que se eterniza

 

 

Nada acaba en Venus

Aprobado el Plan de Transformación se inicia el censo para determinar, entre la gente que vive en el bloque de Venus, quiénes tienen derecho al realojo. El edificio ya está afectado por el Plan y su destino es el derribo. El vecindario deberá esperar a que se construyan los nuevos edificios proyectados y se articulen las condiciones para el proceso de realojo. Empieza un largo tiempo de espera, que llega hasta hoy.

Y si nada acaba en Venus, es porque Venus nunca se acaba….y parece que nunca acabará. En mayo de 2011, se empieza a poner en cuestión el derribo de Venus por la dificultad económica que supone. Y sin el derribo, una nueva variable aparece en la ecuación del realojo. El nuevo destino de Venus podría ser la rehabilitación, y su nuevo uso,  el alquiler social.

Así, las dificultades financieras para abordar los realojos y el derribo de Venus dan al traste con uno de los argumentos fundamentales del Plan de Transformación: esponjar el barrio, mezclar población y diluir territorialmente los focos de conflictividad. El renovado barrio de La Mina, acabará su proceso de transformación aumentado su densidad de población. Densidad sólo suavizada accidentalmente por la no construcción de parte de las 900 nuevas viviendas proyectadas, parte correspondiente a alguna de las promociones que debían ser de régimen libre pero que ninguna promotora ha apostado por construir.

 


(Arxiu ddlm – octubre 2013 – Solar en venda, Rambla de La Mina)

 

Y allí está Venus, degradándose cada día un poco más, corroyendo en su decadencia las vidas de las gentes que allí viven, su convivencia  y sus relaciones con y en los espacios comunes.

Pase lo que pase con el edificio, nada acabarà en Venus; para que el proceso de transformación del barrio se complete, harà falta que sus vecinos y vecinas se apropien de los nuevos lugares, los habiten, los transiten y construyan barrio en ellos. Quedaran, quizás,  esos solares vacios por llenar.

 

 

Negociaciones y movilizaciones: el desacuerdo como hilo argumental

El proceso se inicia (año 2000) con el censo de propiedad de los pisos afectados en Venus, en Saturno y en Levante. Las primeras dificultades aparecen en el momento de acreditar  la propiedad de la vivienda. Veníamos de una ocupación masiva de pisos y de una práctica consolidada de alquiler bajo mano;  quien no pudiera demostrar diez años de empadronamiento en el piso, y por tanto su usufructo, no podría acceder al derecho al realojo.

La representación legal de la comisión de afectados expone también casos que se han quedado por el camino: durante los años previos a la tasación de los antiguos pisos, ya con la obra nueva empezada (2008) se ofreció a los inquilinos de Venus la posibilidad de adquirir el piso en el que vivían mediante un contrato de compra venta en diferido. A partir del pago de una entrada el resto del valor se podía pagar en mensualidades. El impago de esas cuotas podía conllevar la pérdida de la propiedad para pasar a un régimen de alquiler sin opción de compra. Inquilinos que se encontraron en esta situación, no fueron conscientes hasta el momento de iniciar el proceso de realojo de que habían perdido ese derecho.

Una vez acreditada e identificada la propiedad, con el censo de 240 familias cerrado, se empieza a atender su realojo hacia los nuevos pisos todavía en construcción. Llegan los primeros desacuerdos i movilizaciones, que desdelamina.net trató en el artículo Procés de reallotjaments: una mirada històrica sobre l'estat de la qüestió. Significamos aquí los más importantes:

 

Las diferencias en la tasación, que se hizo conjunta, de los pisos viejos. El colectivo de afectados, mediante su representación legal,  presenta alegaciones al Plan de Realojos a la espera de que sean tramitados al Jurat d’Expropiacions de Catalunya , que tiene competencias en los casos de expropiaciones forzosas en la comunidad catalana. Este trámite todavía no se ha producido y el desencuentro sobre el “justiprecio” (sic) de las viviendas se ha mantenido.

 

– En el 2009 en el marco legislativo de expropiaciones aparece el Decret 80/2009 d’habitatges per afectats urbanístics, conocida como la Ley de Haus, a la que se quieren acoger los afectados para demandar un realojo “piso por piso”, es decir,  fundamentando el cambio de vivienda metro por metro más el diferencial de coste añadido por impuestos, legalización de la propiedad y exceso de superficie si el piso recibido fuera mayor que el cedido. Por no tener carácter retroactivo y por considerarse que el proceso de expropiación empieza con el Pla de Transformació de La Mina (año 2000) se deja sin efecto la aplicación de la Ley de Haus, que de forma recurrente aparece en las reivindicaciones vecinales.

 

– La incertidumbre sobre el devenir del proceso, fundamentada en lo que se reclama como falta de información y silencio administrativo, en las modificaciones del plan (se da fin a la idea de cortes transversales) , y en los vaivenes sobre el futuro del edificio de Venus (primero se convierte en escombro, después se rehabilita para nuevos usos, más tarde se rehabilita para alojar a sus inquilinos de siempre que renuncien al realojo) . Y todo eso, con escasas actas y registros documentales de las reuniones vecinos-administración y con los documentos de referencia (PERI – Pla Especial de Reforma Interior, de l'any 2002–  i PERM  – Pla de Reforma i Reordenació del Barri) sin modificar

 

La posible pérdida de valor de las viviendas de la calle Venus, en un mercado inmobiliario decaído y en un barrio donde no parece se vayan a cubrir completamente las expectativas de renovación social generadas por el Plan de Transformación

 

Las incógnitas, más o menos fundadas, sobre el destino de las cuotas e impuestos que los vecinos han estado pagando por la vieja propiedad. Consideran insuficientes las obras de mantenimiento sobre el edificio y ponen atención en que con la marcha de vecinos que se reubican en los nuevos pisos, los mismo gastos colectivos se deberán repartir entre menos componentes de una comunidad que ya de por sí acarrea una alta morosidad

Ese ambiente en el pasar del tiempo, ha ido dejando huella en el colectivo de afectados. Se ha pasado del “de aquí salimos todos juntos” defendido por la comisión de afectados, a un sálvese quien pueda concretado en que hasta este momento 30 familias han podido acceder a los botes salvavidas de rescate privado en forma de crédito bancario que les han permitido acceder a la nueva vivienda. El resto sigue en ese Titanic de serie B, sin orquestas ni servicio de habitaciones.

(Polèmica per la reubicació d'uns veïns de La Mina – Arxiu TV3 – Programa Els Matins – emissió 21/12/2010)

 

Vivir y convivir en un Venus afectado

Si el punto de partida para decidir el derribo de Venus es su degradación, ésta ha continuado hasta hoy y se ha ido acrecentando una vez el edificio quedó afectado. Las intervenciones de mantenimiento de subsistencia que se hacen en un edificio en el que las inversiones dejan de tener sentido,  son claramente insuficientes.

Así, la degradación de las estructuras del edificio es acumulativa, y por el contrario,  las intervenciones de mantenimiento sólo son paliativas, no atajan el problema de fondo que las producen, y cada tanto los problemas erupcionan. En julio de 2013, por ejemplo, la techumbre del pasadizo de entrada del portal número 9 se vino abajo sin, afortunadamente, ocasionar daños ni desalojos entre los vecinos.
La movilización de autoridades ante este hecho, incluida las presencias del Conseller de Territori i Sostenibilitat i el alcalde de Sant Adrià, dan idea de la más que latente conflictividad de este momento del proceso. La indignación también es un proceso acumulativo que puede eclosionar.

La afectación de Venus por el Plan de Transformación es el punto de partida del camino hacia una reconstrucción de las relaciones vecinales y de las prácticas identificadas en el informe inicial de diagnóstico que debían ser atajadas con el derribo del edificio. Mientras eso no ha ocurrido, y ya llevamos trece años, la intervención para intentar mejorar la convivencia en el vecindario se hace desde el Pla de Juntes de Escala. Uno de los proyectos más ambiciosos del Consorci, que ha buscado acompañar la organización de las comunidades de propietarios para su autogestión. En Venus, el objetivo se ha convertido en una quimera. El sentido de comunidad es débil, la desafectación por los espacios comunes es alta  y la convivencia en un “supermercado” de la droga,  imposible.
 

 

Venus no se acaba nunca

¿Qué pasará si finalmente Venus no se viene abajo? ¿Quedarán desafectadas las viviendas que lo han estado durante más de 13 años? ¿Se resarcirà a las familias que durante este tiempo han estado viviendo en un piso sin valor a efectos reales (un piso afectado por un plan urbanístico no es garantía de aval para acceder al mercado bancario)?

Existe un posible precedente: la decisión de no llevar a cabo los cortes transversales en los edificios de Marte y Levante, no supuso la desafectación de los pisos implicados en estos cortes;  se propuso a los inquilinos que optaran por adquirir uno de los pisos nuevos o quedarse en el que siempre vivieron renunciando a las alegaciones al Plan que en su día hubieran podido presentar.

¿Qué pasará con las viviendas que han quedado desocupadas y ahora están tapiadas? ¿Se hará una rehabilitación integral del edificio? ¿En qué régimen de vivienda se reabrirán estos pisos?

También aquí tenemos un precedente de comparación: la rehabilitación hecha sobre el vecino edificio de la calle Saturno no ha resuelto sus carencias y mantiene un nivel de degradación equiparable al de Venus

(Arxiu ddlm – maig 2010 – Biblioteca Font de La Mina, amb Edifici Venus al fons)

El proceso de derribo de Venus, los realojos de sus inquilinos en las nuevas construcciones y en definitiva todo el Plan de Transformación ha sido un proyecto lleno de buenas intenciones (reconocidas y premiadas a nivel nacional e internacional) pero lleno de praxis revisables, que no deben quedar enmascaradas por la actual crisis.

Como sociedad, deberíamos seguir extrayendo aprendizajes de nuestro presente y nuestra historia  para el futuro. La transformación de nuestras ciudades no acabará aquí y lugares como La Mina, transformados y mejorados, seguirán existiendo. Que esos aprendizajes sirvan para no dejar herencias que conviertan el problema de hoy en endémico para futuras generaciones.

En todo caso, Siempre nos quedará Venus…………. o lo que quede de él, para recordar la que pudo haber sido y que por ahora no se sabe que será
 


[1]“Estudio de base social y antropológico del barrio de La Mina”, desarrollado por Proyectos Sociales de la Fundación Pere Tarrés y dirigido por Concha Doncel Rasillo, antropóloga.

“Estudio técnico sobre los edificios de viviendas del barrio de La Mina”, desarrollado por el Departamento de Construcciones Arquitectónicas de la Universidad Politécnica de Cataluña, bajo la responsabilidad de César Díaz Gómez, arquitecto.

“Estudios urbanísticos de base y alternativas de actuación para el barrio de La Mina”, desarrollado por el despacho de arquitectos Jornet-Llop-Pastor | [tornar a dalt]

[2] Alegació al Pla Especial de la Mina Plataforma – Francesc Magrinyà i Miguel Mayorga, tècnics urbanistes | [tornar a dalt]